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¿Cómo medir correctamente la presión arterial?

Es importante que nos tomemos periódicamente la PA para detectar si somos o no hipertensos. Las recomendaciones son hacerlo al menos 1 vez cada 4 años entre los 14 y los 45 años y posteriormente cada 2 años salvo que detectemos que tenemos la PA, momento a partir del cual deberemos hacerlo con la frecuencia que nos determine el médico.

La validez de las cifras de PA que se toman, depende de que ésta se haya hecho siguiendo las recomendaciones que los expertos señalan, tanto en lo referente a los aparatos de medida como a las condiciones en las que la medida se ha llevado a cabo.

Para una toma correcta de la PA, es preciso seguir las siguientes recomendaciones:

  • Tomarla tras cinco minutos de reposo por lo menos.
  • La persona debe estar relajada y no tener prisa.
  • Tampoco debe haber comido, bebido sustancias excitantes (café, té) ni fumado durante la media hora previa a la medición.
  • La posición del cuerpo debe ser sentado, no estirado, con la espalda bien apoyada en el respaldo de la silla. Las piernas deben estar tocando el suelo, no cruzadas, y la mano relajada, sin apretar y en posición de descanso.
  • Brazo de referencia o dominante apoyado más o menos a la altura del corazón, mano relajada. El brazo de referencia o dominante es aquel en el que la TA es más alta.
  • El manguito debe de estar en contacto con la piel, así que el paciente deberá remangarse la camisa. Si es invierno y se llevan muchas capas de ropa, será mejor que se las quite porque si se remangan diferentes prendas a la vez se puede crear un anillo que constriña la zona.
  • Una vez posicionada la persona se colocará el manguito, que se adaptará al diámetro del brazo (pequeño, normal, grande). La explicación de la colocación viene reflejada en un gráfico que acompaña al aparato, así que una vez ajustado el manguito se debe presionar el botón para conectar el tensiómetro.
  • Es importante que mientras el manguito se infla el paciente no hable, puesto que eso afectaría a los valores marcados.
  • No redondear cifras.

 

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Cuidados del Paciente Postrado en el Hogar

Con respecto a los cuidados específicos del adulto mayor postrado, revisaremos aspectos fundamentales la actividad y capacidad funcional, el cuidado de la piel, y la alimentación y evacuaciones. Además haremos algunas recomendaciones para la persona que lo cuida.

1. ACTIVIDADES MENTALES.
El paciente debe usar la atención, la memoria, la imaginación y el lenguaje; esto favorecerá el estado de ánimo y su capacidad mental.
Para que use la memoria es útil repasar los sucesos de su vida, tal vez con ayuda de fotos, o las noticias del día; preguntarle (y recordarle) lo sucedido ayer, o pedirle información sobre sus familiares.
La imaginación se puede ejercitar si se le pregunta qué espera del día actual, cuál es su opinión sobre cierto tema, cómo cree que se podría solucionar algún problema. Durante
estas conversaciones deben hacerse frecuente referencia a la fecha y circunstancias presentes, para favorecer su orientación. Las reflexiones deben tener un acento optimista, haciéndole presente los aspectos positivos y no los negativos de su situación. Si se logra hacerlo reír debemos felicitarnos.
También pueden ser útiles para la atención, la memoria y el ánimo algunos juegos (dominó, Cartas, juegos de memoria o de atención), la música o el canto, la colaboración en algunas tareas domésticas o los ejercicios indicados por los especialistas en rehabilitación.
A cada uno de los visitantes puede pedirse que colabore en alguna actividad. Muchas veces los familiares o amigos se sienten estimulados a volver si pueden ayudar al paciente, por eso es importante pedir su colaboración.

2. CUIDADO DE LA PIEL.
La piel del adulto mayor en cama está expuesta a escaras, infecciones y quemaduras.
Ulceras por decubito
El término de las alteraciones de la piel relacionado a la prolongada estadia en cama se llama ulcera por decubito y cuando esta afección se torna de color negro es necir de tejido necrotico se llama escara.
Las escaras son uno de los principales riesgos del adulto mayor en cama. Son lesiones debidas a la falta de circulación cuando la piel queda comprimida entre el colchón y una prominencia ósea durante un período prolongado. La falta de circulación causa la muerte del tejido, y éste se desprende dejando una úlcera, que con frecuencia se infecta. Los factores predisponentes son la inmovilidad, la desnutrición, la pérdida de sensibilidad o conciencia cuando existe un daño cerebral. También influyen la mala circulación, como puede verse en diabéticos, y la pérdida del control de esfínteres.
Los sitios vulnerables para la formación de escaras son los talones, cara interna de rodillas, caderas, sacro, codos, etc.
Para prevenir las escaras lo más importante es evitar la inmovilidad. Si el paciente está postrado, deben hacerse cambios de postura cada dos horas. Puede ser colocado de espaldas, de lado o boca abajo. En cada postura debe evitarse que las extremidades o la cabeza queden en posición incómoda, que los talones se compriman contra el colchón (con almohadilla en los tobillos), que las rodillas se compriman una contra otra si está de lado. Los pies deben mantenerse en 900 con algún apoyo y para evitar que las frazadas los presionen pueden usarse alza ropas. Si está boca abajo el tronco debe colocarse sobre una almohada.
Los cambios de posición deben complementarse con la protección de las zonas vulnerable, usando rodelas, protectores de codo, almohadillas, taloneras, vendas en los pies.
Los colchones antiescaras evitan en parte la necesidad de cambiar la posición cada dos horas. Los más eficaces son de flotación en aire alternante con motor o de agua.
Además se recomienda mantener la piel limpia y seca, especialmente en los pliegues. Si se observa una zona enrojecida o ampollada, podría llegar a escararse y debe protegerse con más cuidado. La sábana debe estar bien extendida y limpia, ya que las arrugas u objetos extraños pueden erosionar una piel frágil. Esta piel puede lubricarse haciendo fricciones con alcohol-glicerina al 50% dos veces al día, especialmente en las zonas de apoyo.

3. INFECCIONES DE LA PIEL
Las infecciones pueden asociarse a las escaras y en esos casos su prevención es similar, otras veces se deben a desaseo, especialmente en los pliegues (mamas, región inguinal, escroto) de pacientes obesos o diabéticos.
Según su naturaleza, además del aseo (con jabón o con emulsiones limpiadoras) deben usarse cremas o pomadas con antibióticos.

4. QUEMADURAS.
Las quemaduras son más frecuentes en pacientes con trastornos de la sensibilidad o de conciencia. Las causas más frecuentes son: bolsas de agua caliente en contacto con la piel, estufas muy cercanas, a veces un cigarrillo, También pueden quemarse con un baño demasiado caliente.

5. LA NUTRICIÓN.
Incluye el aporte de alimentos y de líquido. Los adultos mayores pueden sentir poca sed y se deshidratan con facilidad; el calor, la fiebre o los diuréticos también pueden deshidratar. Los líquidos deben administrarse con el paciente sentado y en pequeña cantidad cada vez. La cantidad diaria debe fluctuar entre 1,5 y 2 litros, incluyendo el líquido de las comidas. Puede restringiese después de cenar para disminuir la orina durante la noche.
Si se alimenta por boca es importante la buena presentación y el sabor; la hora de comida puede ser uno de los pocos agrados de un AM postrado. La administración debe ser precedida y seguida de aseo oral y de las manos, y siempre que sea posible el paciente debe estar sentado. La alimentación debe ser suficiente y balanceada; si parece insuficiente puede complementarse con vitaminas. Debe recibir bastante fruta y verdura, que aportan fibra y junto al líquido evitan la estitiquez y las infecciones urinarias.
Muchas veces- el paciente tiene dificultades para tragar. En esos casos la alimentación debe ser fraccionada y de consistencia blanda, administrando alimentos molidos o papillas en vez de alimentos sólidos. Si se atora con los líquidos estos pueden ser espesados (chuflo) o reemplazados por jaleas. Si no traga bien y existe riesgo de aspiración de alimentos hacia los bronquios, puede colocarse una sonda.

6. EL CUIDADO DE LA BOCA
está destinado a prevenir lesiones e infecciones. Debe hacerse un aseo cuidadoso después de cada comida, con un cepillo suave y flexible. El cepillado debe ir de la encía al borde del diente, para arrastrar los restos de alimento.
Pueden agregarse enjuagatorios con clorhexidina al 1 %. Si usa prótesis deben asearse cuidadosamente todos los días. También debe evitarse la sequedad de la boca dando bastante líquido y protegiendo la mucosa oral con glicerina o miel de bórax.

7. MANEJO VESICAL E INTESTINAL
Un adulto mayor puede presentar incontinencia de orina o deposiciones, con maceración e infecciones de la piel. También puede presentar estitiquez y retención de orina con molestias e infecciones urinarias.
Si es posible, debe llevársele al sanitario todos los días para que obre. Si obra en cama. A veces puede hacerlo en una “chata”; otras veces debe usar pañales y ser aseado cada vez que sea necesario. La estitiquez puede evitarse con fibras, abundantes líquidos y a veces laxantes. Solo ocasionalmente se necesita recurrir a enemas o extracción manual de deposiciones impactadas.
En caso de incontinencia de orina debe recordarse que la sonda vesical (Foley) siempre causa infecciones. Por eso se recomienda en el varón el uso de “pato”, un recolectar urinario o pañal para adultos. En la mujer se usa pañal; también se le puede colocar la chata de vez en cuando, para que orine sin mojar el pañal. Un hule debajo de la sábana protege el colchón, por si fallan las medidas ya mencionadas.
Si hay retención de orina se hace cateterismo (extracción de orina con sonda) varias \veces al día. No es necesario usar material estéril, pero la sonda debe estar muy limpia y hervida antes de cada procedimiento.

CUIDADO DE LA CUIDADORA: La persona que cuida al adulto, mayor generalmente es una mujer, la esposa o una hija del paciente. Estos pacientes requieren cuidado las 24 horas del día y la necesidad de estar constantemente alerta por si sucede algo, la necesidad de pequeñas atenciones continuas pueden ser más agotadoras que el esfuerzo físico. Muchas veces la cuidadora sacrifica su vida personal, deja de trabajar, deja de salir y queda aprisionada al lado del paciente. Esto causa stress y agotamiento y puede conducir a enfermedades físicas o psicológicas.
Por esto se recomienda que se establezcan turnos, que toda la familia colabore en el cuidado del paciente, que la cuidadora principal tenga por lo menos un día libre para su higiene mental y que sea atendida si se agota o se enferma.
No se debe esperar que la cuidadora esté agotada para pedir ayuda, sino que deben hacerse reuniones de familia para plantear la necesidad de colaborar apenas se produzca la postración o apenas llegue el enfermo desde el hospital a la casa. Si la reunión se hace con el médico, los familiares tendrán la oportunidad de expresar todas sus dudas o temores.

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Cuidados de Paciente Anciano

La tercera edad, es la etapa que comienza según el visto social y médico a partir de los 65 años de edad. Hoy no es común como hace unos años atrás pensar que esta persona sea una anciana, sino que se la ve como una persona con mucha potencialidad y mucho por hacer. Solamente podemos decir que recién empieza a transitar su tercera edad. La ancianidad, o edad senil no es lo mismo, postura también discutida, que tiene sus variantes, debido a los avances de la medicina. El paciente geronte es aquel donde se entiende que por el paso de los años ya todo su organismo empieza a decaer en sus funciones, se ve como un paciente de cuidado, frágil y propenso a muchas enfermedades por el desgaste de su organismo.
Sin embargo podemos ver ancianos de muy buena salud, determinada por su estado de buen equilibrio psicofísico, e influenciado por su propia genética. La atención y técnicas en el paciente anciano, es prácticamente como cualquier otro paciente salvo sus particularidades y sus problemas individuales, pero en el paciente anciano todo es más criterioso y la profesionalidad del Reflexólogo hace a tener en cuenta muchos puntos. El paciente anciano tiene un proceso evolutivo natural que obedece al paso del tiempo, en donde en algunos más y otros menos se produce un desgaste celular que hace a nivel general y sin excepción que todos los procesos de su metabolismo estén alterados, en sus ritmos y sus tiempos. Sus estructuras óseas son más débiles y sus deformaciones pueden a veces dificultar la mejor técnica e intención del profesional. Esto implica en la mayoría de los casos tener en cuenta, diversos puntos de cuidado y observaciones.
Que se detallan a continuación

1º – Reacciones durante la sesión:

    Las respuestas son variadas e individuales pero a veces algunas aumentan, por ejemplo:

  • Necesidades fisiológicas: orinar o defecar
    Es común que el paciente pida levantarse para ir al baño, lugar que tendremos irremediablemente que ceder y luego continuar con la sesión.
  • Adormecimiento de algunas partes del cuerpo generalmente brazos o zona sacra, y otras veces con menos frecuencia piernas.
    En este caso debemos, auxiliarlos, casi siempre cede estirando los miembros suavemente y con leve masaje de fricción.
  • Las demás reacciones son comunes como a otros pacientes
    • Visualización de imágenes.
    • Recordar situaciones pasadas.
    • Aumento de la sudoración.
    • Lagrimeos.
    • Cambios en el ritmo respiratorio.
    • Baja de la temperatura corporal (hipotermia)

2º – Reacciones entre sesiones.

  • Metabolismo en general: Cambios en el, pero mas lentos, es raro que el paciente te comente cambios bruscos, esto tiene que ver con la velocidad de respuesta al tratamiento que en estos pacientes son mas lentas.
  • Agudización de síntomas: Es situación frecuente, es común que el paciente diga – me dolió mas puede ser?
  • Cambios en el estado de ánimo: El estado de animo en el paciente anciano es de por si esperable, a veces tiene relación con sus problemas personales, pero la mayoría de las veces es de cómo espera respuesta de su tratamiento. Es decir su estado es variable proporcionalmente a como se sienta con la respuesta positiva al tratamiento de la Reflexología.
  • Cambios en el descanso: Es común y esperable que el paciente diga descanse mejor. A veces sin cambios oníricos.
  • Observaciones de aspecto en los pies: Muy lentos, no se ve en las primeras sesiones , salvo áreas de dolor que disminuyan su sensibilidad.
  • ¿Algunas lesiones que podemos encontrar?

  • Pérdida de sensibilidad en una zona a tratar.
  • Deformaciones óseas.
  • Fragilidad ósea.
  • Uñas con hongos.
  • Varices.
  • Edemas maleolares.
  • Callos grandes. A veces que abarcan toda una zona a tratar
  • Pies hinchados.
  • Piel lastimada. Ulceras etc.
  • Excesivo dolor en el área a tratar.
  • Pies resecos, deshidratados.

3ª- Cuidados especiales en la aplicación de técnicas

  • Empezar con un grado de movilización lenta y suave
  • Las caminatas del pulgar con presión de media a baja.
  • Técnicas de deslizamiento con cuidado y observando bien la zona.
  • Técnica puntual, empezar a profundizar la presión lentamente.
  • Tiempo de sesión igual, 20´ en cada pie, salvo que no pueda aguantar en la posición.
  • Cantidad de sesiones por semana entre 1 y 2.
  • Evaluación permanente de todos los sistemas.
  • Uso de elemento de estimulación solo en partes donde el músculo este firme y con tonicidad.
  • Es recomendable el uso de estimulador y buscador de puntos de acupuntura, es menos traumático y más efectivo.
  • Técnicas mixtas con precisión y cuidado

No olvidar: Más paciencia en el anciano y en las respuestas al tratamiento. Entender, Comprender y acompañar en el proceso de autocuración, sabiendo que este, es relativo, con límites que uno desconoce, hasta tanto vengan llegando las respuestas.

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Cuidados del Paciente con Fractura de Cadera

Cuando un anciano sufre una caída, y como consecuencia de ella se rompe la cadera, por lo general va a sentir dolor intenso que en principio suele ser referido en la región inguinal. Si la fractura es completa no va a poder levantarse del suelo ni mover el miembro lesionado, adoptando éste una posición en rotación externa a veces muy marcada (la punta del pie se desvía hacia afuera), y apareciendo acortado con relación al del lado sano. Hay que tener en cuenta, que en algunos casos la fractura es al principio incompleta, lo que supondría que entonces el anciano podría moverse o incluso levantarse, con el riesgo de transformarse en completa inmediatamente después, o incluso pasados algunos días. Pueden también encontrarse en un 10% de los casos, zonas de contusión o de heridas situadas a nivel de la cabeza, codos o manos, que se producen al golpearse contra objetos o contra el suelo en el momento mismo de la caída. En ocasiones, y dependiendo de la intensidad del trauma, existen cuadros de conmoción (pérdida de conocimiento) más o menos pasajeros.

Ante tal situación, los familiares o personas que estén al cuidado del anciano deben de pensar en la posibilidad de una fractura de la región de la cadera, y procederán a colocar al paciente en la posición más cómoda, abrigarle y, en principio, a no tratar de levantarle o trasladarle si no disponen de los medios y personal suficiente. Deberán avisar de inmediato al centro asistencial más cercano o al que corresponda su asistencia, para que sea enviada una ambulancia que le trasladará al mismo.

La cirugía es la indicación básica del tratamiento de estas lesiones, ya que sólo con ella es posible que el paciente pueda volver cuanto antes a caminar e integrarse a sus actividades anteriores.

La estancia de un anciano con fractura de cadera en el hospital puede prolongarse hasta dos semanas, y durante este tiempo ha de ser objeto de una serie de atenciones. Los cuidados postoperatorios son fundamentales, y de ellos depende en gran medida no sólo la recuperación funcional del paciente sino también su supervivencia. Unos cuidados higiénicos desde el primer momento de su ingreso son muy importantes, y, dentro de ellos, hay que destacar los cambios de postura y el cuidado de la piel para evitar las úlceras de decúbito. La colocación en un asiento adecuado desde el día siguiente a la intervención, así como la ayuda a su deambulación desde el mismo momento en que el anciano sea capaz de soportarla. El paciente deberá también realizar ejercicios durante todo el tiempo que permanezca en la cama, figurando como importantes los de flexión y extensión de los tobillos y la contracción de los cuádriceps, apretando con fu erza la parte posterior de la rodilla (corva) contra el plano de la cama. Independientemente de la profilaxis antibiótica que se realice, también se llevará a cabo, casi siempre, una profilaxis de la enfermedad tromboembólica mediante la correspondiente medicación anticoagulante, hecho en la actualidad bastante rutinario y que puede seguir siendo realizada y controlada en su domicilio.

Para que todas estas medidas resulten eficaces es básica la colaboración entre el personal médico, el de enfermería, el auxiliar y también la de los familiares del paciente, ya que estos últimos deberán seguir el control del mismo a partir del traslado a su domicilio. Por este motivo deberán de ser bien informados antes de la salida del hospital sobre los aspectos básicos del manejo del anciano y de las líneas terapéuticas elementales.

En resumen, se puede decir que las fracturas de la cadera en el anciano, aunque suponen un serio problema tanto individual, como social y de salud pública, debido al aumento de su freciencia, a su alta tasa de morbilidad y mortalidad, así como a las importantes cargas económicas que originan, han dejado de tener en los últimos años el carácter ominoso y el efecto devastador que antes suponían, y ello debido fundamentalmente a un mejor manejo de los pacientes que sufren estas lesiones, que viene dado por una mayor y más rigurosa atención, tanto pre como postoperatoria, así como a la puesta en práctica de métodos quirúrgicos más perfeccionados (endoprótesis y materiales de osteosíntesis) con los cuales es posible una rápida incorporación de los ancianos a su vida habitual.

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Cuidado y Cambio de Colostomia

La colostomía consiste en la derivación de una parte del intestino a la parte exterior del abdomen para facilitar la eliminación de las heces y los gases.
Las colostomías pueden ser temporales, mientras cicatrizan los extremos del intestino unidos después de extirpar un tumor, o bien permanentes, si se ha extirpado un tumor del recto. En ambos casos, las personas que llevan una ostomía no pueden controlar voluntariamente las deposiciones y necesitan una bolsa de recogida de heces.

Cuidados:
El agujero por el cual se eliminan las heces se llama estoma, y es importante que la mucosa y la piel de su alrededor tenga un color rosado. Es fundamental que la bolsa de recogida se ajuste perfectamente a las medidas del estoma y que la banda protectora adhesiva de la bolsa esté bien enganchada a la piel circundante, para evitar que se irrite la piel de alrededor.
Después de la intervención el equipo de enfermería le enseñará a controlar sus deposiciones mediante la utilización de enemas.

Limpieza y cambio de bolsa:
Al menos una vez al día debe realizar una buena higiene de su colostomía y cambiar la bolsa. El mejor sitio es el baño del domicilio, el momento más adecuado acostumbra a ser antes de las comidas ya que es cuando disminuyen las deposiciones.


Debe colocarse delante del espejo del baño y seguir los siguientes pasos:

  • Desenganche con cuidado la bolsa del abdomen, con una mano sujete la piel y con la otra retire la bolsa de arriba abajo.
  • Limpie bien el estoma de los restos de heces con papel, no utilice gasas.
  • Limpie bien el estoma y la piel de alrededor con agua tibia y jabón neutro. No frote con fuerza y utilice una esponja natural.
  • Seque suavemente la piel con pañuelos de papel o una toalla suave. No utilice cremas, alcohol, etc. ya que puede dificultar la adhesión de la bolsa.
  • La mucosa del estoma puede sangrar con facilidad, no se asuste si observa una pequeña cantidad de sangre ya que es normal.
  • Antes de enganchar la bolsa compruebe que la piel esté bien seca, prepare la nueva bolsa de colostomía y coloque las manos encima de la bolsa durante un par de minutos para calentarla y facilitar su adhesión.
    Es conveniente al enganchar la bolsa tener en cuenta las actividades que va a realizar. Si va a estar de pie o sentado, coloque la bolsa en posición vertical, si por el contrario está encamado es mejor colocarla inclinada.

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El Niño y su Entorno: un cuidado con Amor

El cuidado como interacción sincrónica entre el niño y la enfermera que se dedica al cuidado al niño exige capacidad de escucha de la enfermera; el niño sano o enfermo nos está enviando señales permanentes que debemos estar en capacidad de interpretar y es ahí, desde nuestra intervención y es ahí, desde nuestro cuidado como profesionales, donde hacemos la diferencia: con el tono de voz, con el tacto, con el movimiento, con nuestro acercamiento afectuoso, cómo fomentamos el crecimiento social y emocional del niño cuando hacemos nuestra intervención de enfermería y que nos caracteriza como enfermeras pediatras. Es desde esta capacidad de escucha como ponemos en práctica el ver al niño como persona, respetar su opinión, tenerlo en cuenta y el recibir su información.

Desde una perspectiva diferente, la pro-puesta de Carol Gilligan a la ética del cuidado se caracteriza por darle importancia al compromiso con el bien de las personas; la sensibilidad moral de las mujeres es reivindicada. Gilligan realiza estudios sobre el desarrollo moral entre hombres y mujeres, y encuentra en los primeros la primacía de una ética de derechos basada en principios universales, en las mujeres prima una ética de cuidado basada en la responsabilidad especial que tenemos respecto a las necesidades de aquellos con quienes establecemos algún tipo de relación.

La ética del cuidado pone en el centro el concepto de cuidado, el compromiso con el otro, y en este sentido, en el cuidado que brinda la enfermera pediatra, cobra mayor importancia la relación y la interacción que establece con el niño y su familia; sus lazos de conexión, los sentimientos de solidaridad, el papel que juegan las emociones, el ponerse en el lugar de la madre para comprender lo que está sintiendo por ese niño que sufre, por ese niño enfermo, para comprender sus necesidades y poder atenderlas.

Otro aspecto que quiero resaltar en las enfermeras que se dedican al cuidado de los niños es su preocupación por hacer el mayor bien posible a los niños.

El concepto mismo de cuidado exige evitarle un daño al niño; eliminar, o evitar en la medida de lo posible, el sufrimiento que cualquier procedimiento pueda generarle y en todo momento promover el bienestar. Para lograr esto, son necesarios el interés, la motivación y la empatía, además de los conocimientos y las habilidades de la enfermera, como la acogida afectuosa y la capacidad de comunicación, comprensión y explicación para hacerle comprender al niño que ciertos procedimientos pueden generarle molestias, pero que éstas se pueden mitigar con ciertas medidas terapéuticas.

La enfermera dedicada al cuidado de los niños ha hecho una decisión voluntaria porque le gusta, porque tiene un afecto profundo por los niños, tiene simpatía o empatía hacia ellos, le preocupan y, en ese sentido, sus intervenciones hacia él van a estar motiva-das y comprometidas con el cuidado.

Quiero resaltar el compromiso con el niño y su familia; muchas veces el niño no va a decir si lo que hicimos o dejamos de hacer lo hicimos bien o mal; el compromiso es un compromiso ético y profesional. El actuar siempre pensando en este principio, hacerle el mayor bien posible, sin errores de acción y/o de omisión, con la mayor seguridad clínica posible es el lema en nuestro actuar profesional. Ponernos en el lugar del otro, como si fuera nuestro hijo, nuestro sobrino, nuestro prójimo. Este lema nos permite mantener altos estándares técnico-científicos y de calidad humana.

Me alegra ver que todos estos rasgos esenciales que he querido destacar en la enfermera pediatra han estado presentes en los trabajos y que se ha re-flexionado, entre otros temas, acerca del dolor en el recién nacido, del abordaje de la familia y del cuidado al cuidador.

Como enfermeras pediatras tenemos una gran responsabilidad con la sociedad, con la institución asistencial, con nuestros niños y con sus familias; sabemos que estas instituciones confían en nuestra idoneidad profesional, último punto al que me referiré.

La idoneidad nos exige conocimientos científicos, habilidades, permanente actualización, investigación y estándares de alta calidad técnica, científica y humana; temática que también han sido abordadas desde las experiencias de acreditación y la seguridad clínica en el ambiente hospitalario.

Los resultados obtenidos a través de la investigación sobre la calidad del cuidado de enfermería y cuidado a los cuidadores, desarrollada en el grupo de investigación “Conceptualización y práctica de enfermería” de la Facultad de Enfermería de la Pontificia Universidad Javeriana, han aportado elementos importantes sobre la satisfacción de los pacientes acerca del cuida-do de enfermería, sobre la percepción y las vivencias que tienen sobre la interacción enfermera-paciente: el afecto, la participación, el rol que juegan los cuidadores en el cuidado de sus pacientes y la importancia que tiene la enfermera como educadora de es-tos cuidadores.

De igual manera, el grupo de investigación “Procesos sociales” ha abordado los problemas de violencia infantil, patrones de crianza, las intervenciones de enfermería con el niño con problemas de aprendizaje, programas de intervención al niño y su familia, y lo que piensan los niños acerca del castigo. Estos procesos de investigación han sido un aporte importante desde la docencia, que ha retroalimentado la práctica asistencial; de igual manera, el que ya exista el reconocimiento de grupos de investigación del área asistencial en Colciencias, nos permite registrar el impulso y desarrollo que ha tenido el trabajo investigativo en nuestras instituciones y la necesidad de seguir implementado estrategias de trabajo que fortalezcan esfuerzos conjuntos.


DIAGNOSTICOS DE ENFERMERÍA ASOCIADOS CON PACIENTES PEDIÁTRICOS

En los pacientes pediatricos, pueden determinarse diagnósticos de enfermería concernientes al propio paciente y también a sus progenitores en sus funciones de cuidadores:

  • Alto riesgo de alteración de la temperatura corporal relacionado con edades extremas.
  • Termorregulación ineficaz relacionado con inmadurez y prematuridad.
  • Deficit de volumen de líquido corporales.
  • Alto riesgo de broncoaspiración.
  • Alteración de la protección.
  • Alteración de la comunicación verbal.
  • Alteración de la función parental.
  • Alto riesgo de alteración de la función parental.
  • Alteración de los procesos familiares.
  • Sobreesfuerzo en la función de cuidadores.
  • Alto riesgo de la función de cuidadores.
  • Conflicto con la función parental.
  • Afrontamiento defensivo.
  • Afrontamiento familiar incapacitante.
  • Afrontamiento familiar comprometido.
  • Deficit de la actividad recreativa.
  • Lactancia materna ineficaz.
  • lactancia materna interrumpida.
  • Patrón de alimentación infantil ineficaz.
  • Alteración del crecimiento y desarrollo.

El cuidado de enfermería se basa en el diagnóstico que se encuentre y también si el paciente padece de alguna patología.

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